En la cultura latina, es normal quedarse en casa hasta que uno se case. Las dinámicas familiares dictan que es preferible quedarse en un hogar multigeneracional para compartir responsabilidades y conexión familiar.
Por eso, para latinos estadounidenses, es complicado navegar por los conceptos de generaciones previas y también independizarse normalmente como dicta la cultura estadounidense. Esto resulta en conversaciones que no llegan a ninguna conclusión, dificultades en el compromiso y relaciones fragmentadas porque no hay entendimiento de ambos lados.
Este cambio normalmente ocurre durante la transición de la preparatoria a la universidad. Es una expectativa que los estudiantes de la universidad sean más independientes, con autonomía para estar solos y tomar sus propias decisiones. Pero cuando llegan diferentes aceptaciones de colegios lejanos, en vez de felicidad, solo hay “peros”.
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Cuando recibí aceptaciones para universidades fuera de California, recuerdo las discusiones familiares que me hicieron analizar el precio y la ansiedad de irme tan lejos. Las felicitaciones por lograr aceptaciones en escuelas rigurosas fueron mínimas porque no estaban cerca. Al recibir estas reacciones, me sentí como si estuviera haciendo algo malo. Aunque lógicamente sabía que no era el caso, era una reacción que fui condicionada a tener.
El ambiente de no poder expresar tus propias opiniones porque no van a ser toleradas y de esperar desacuerdos en llegar a ningún lado causa más problemas psicológicos para latinos estadounidenses que a cualquier otro grupo en Estados Unidos. Esta internalización de sentimientos ocurre desde el principio, causando el hecho de tomar decisiones opuestas a las más complicadas.
Es difícil comprender por qué no hay grandes celebraciones por logros que no entienden completamente. En vez de explicar sus preocupaciones, es más fácil quejarse de que las escuelas están muy lejos.
Para muchas familias latinas, el hecho de irse lejos es sinónimo de abandonar a los padres. En una cultura que pone énfasis en respetar a los padres sin tomar en cuenta conversaciones productivas, es la familiaridad de sus constructos familiares la que no les da la intención de entender a sus hijos.
Aunque el hecho de no querer que sus hijos se vayan lejos viene de querer protegerlos, esta idea se convierte en un sofoco. Entre estas diferencias, es típico no querer entender de ambos lados. En las discusiones que he tenido con familiares, siento que siempre tengo las mismas ideas que nunca van a querer entender.
Pero igualmente, yo tampoco he puesto sus perspectivas como algo que pueda entender. Ellos vienen de diferentes generaciones y ven los métodos parentales como algo que seguir en vez de cambiar. Aunque nunca me va a agradar, entiendo que ellos tienen el valor de la familia sobre las carreras profesionales.
Al tomar la decisión de irme lejos para mi mejoramiento en la carrera y una mejor oportunidad, el hecho de no tener el mismo nivel de apoyo causa sentimientos de culpabilidad por querer superarme.
Es un estereotipo común y establecido entre la comunidad latina. Mis compañeros de origen similar y yo tenemos un entendimiento de cómo navegar estas relaciones mientras estamos en la universidad. En estas amistades, podemos encontrar comunidad y sentirnos menos solos en un ambiente que no está equipado para estas conversaciones.
Es difícil hablar sobre la turbulencia emocional que ocurre a la hora de decidir si irse lejos de casa o no. Cuando decidí mudarme en el primer año, estas ideas me persiguieron. Constantemente escuchaba que debería visitar más.
En vez de animar a sus hijos a explorar y aprender de sus errores, prefieren tratarlo como algo peligroso e inapropiado. Esta manera de parentizar causa más ansiedad en temas que son tabúes en familias con esta dinámica. Por eso, en vez de tener confianza en cometer errores, es más fácil internalizar estos problemas, porque hay entendimiento de que es causa por juzgo, en vez de encontrar un equilibrio entre el apoyo y el corregimiento.
En estos instantes, es difícil tratar de quebrantar la ideología de respetar todo lo que dicen los padres y no cuestionar sus ideas porque son mayores. Pero esta batalla no tiene que ser contra ellos, sino contra la idealización de uno mismo cuando hay oportunidades que jamás imaginaste tener.
En fin, estas barreras nunca se podrán romper sin la redefinición de respeto y apoyo familiar, que requiere esfuerzo de ambos lados. En conversaciones tan cerradas, a veces la única manera de abrir la conversación es asumir riesgos que luego traerán menos gravedad.
Por eso, la independencia siempre conlleva riesgo e incertidumbre. Sin embargo, estos riesgos pueden ser compensados por el beneficio de crear un ambiente de mejor entendimiento.
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