Ema Schnidrig trae Argentina a USC

La jugadora de voleibol de playa llegó a USC lista para jugar desde Sudamérica.

Por HAYDÉE CEPEDA

La jugadora de voleibol de playa sigue conectada con su familia y cultura en Argentina mientras contribuye al equipo de las Troyanas. (USC Athletics)

Ema Schnidrig siempre estuvo llena de ambición, queriendo ser jugadora profesional de voleibol desde niña. Empezó a jugar al voleibol de sala cuando tenía solo seis años, y a los 16 empezó a entrenar para jugar voleibol de playa. Ahora, a los 20 años, está en su primera temporada con el equipo de voleibol de playa en USC. Es la única jugadora criada y nacida en Argentina en la historia del equipo.

 La transición del voleibol de sala al voleibol de playa tomó mucho esfuerzo para Schnidrig, ya que tuvo que aprender a jugar con una compañera en la cancha en vez de cinco. Pero aunque fue difícil acostumbrarse a la nueva manera de jugar, ella se dio cuenta de que el voleibol en la playa fue un alivio mental.

“Venía con mucha presión en el vóley indoor al ser de equipo, había muchas personas [que te rodeaban]”, dijo Schnidrig. “Cambiarme a jugar beach vóley fue como volver a disfrutar de hacer un deporte, de querer ir a entrenar”.


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En el 2024, Schnidrig compitió en unos Sudamericanos para clasificar al mundial de su categoría, U19, y calificó. Los mundiales tuvieron lugar en China, pero en la competencia, Schnidrig se rompió la rodilla.

Sufrir una lesión conlleva muchos obstáculos, especialmente cuando pasa de una manera traumática que requiere cirugía para recuperarse. Schnidrig dijo que a través de lo duro que fue, se sintió muy bien acompañada de psicólogos, profesionales de la salud y entrenadores. 

“Me han ayudado a volver a tener la confianza en volver a confiar de que yo podía entrar a una cancha y que no me iba a pasar nada”, dijo Schnidrig. “[El miedo de volver a lesionarse] es el miedo que uno tiene”.

Al estar lesionada y empezar el largo proceso de rehabilitación de su rodilla, Schnidrig comprendió que había terminado la secundaria y que necesitaba buscar una educación universitaria. Pero no iba a soltar su sueño de seguir jugando voleibol. 

Su hermana mayor, que ya llevaba un año estudiando en los Estados Unidos , le pasó un contacto a Schnidrig, quien la ayudó con el proceso de venir a USC a estudiar y jugar voleibol de playa.  

“Estamos confidentes de que USC va a ser el ambiente perfecto para que Ema prospere académicamente y atleticamente”, escribió la Agencia Tiebreak, la agencia que ayudó a Schnidrig a obtener su beca en USC, en inglés.

Cuando empezó el año escolar, Schnidrig aún estaba recién recuperada de su lesión. Ella ha pasado los últimos meses siguiendo con la rehabilitación y volviéndose a acostumbrar al deporte. Ha tenido que esforzarse mucho, ya que USC cuenta con un equipo de voleibol de playa competitivo con mucha historia, estándares altos y entrenamiento duro. 

Schnidrig pasó esta temporada como redshirt para que pudiera pasar un año practicando y siendo parte del equipo, pero sin competir en los juegos. Ella se quedará un año extra para poder jugar cuatro temporadas completas. 

Pasar una temporada sin competir no ha mermado la ambición de Schnidrig. Su meta personal es poder estar en el grupo del equipo que empieza en los juegos. Hay 20 personas en el equipo, pero solo 10 podrán  jugar. 

“Tenés que dar el 100 vos todos los días”, dijo Schnidrig. “Es un equipo muy competitivo… Las 20 personas somos muy capaces de estar dentro del line up”.

En el 2024, el equipo de voleibol de playa ganó su cuarto campeonato nacional en cuatro años — algo que el equipo nunca había logrado en la historia de USC. Eso fue bajo el liderazgo de Head Coach Dain Blanton.

Ha pasado que Blanton ha tenido que cambiar el lineup cerca del final de la temporada, lo que puede causar una ruptura en el equilibrio del equipo.

“Esa relación, donde sabes lo que tu equipo necesita, tienes que tener tu dedo en el pulso, o estarás en problemas”, dijo Blanton en inglés en una entrevista con el Los Angeles Times.

La experiencia de Schnidrig ha sido una de comunidad y aprendizaje. Aunque no jugó con sus compañeras de equipo, Schnidrig dijo que todas aprenden de las otras y también de los entrenadores. 

“No podría pedir un equipo mejor. La verdad que son todas las chicas muy buenas personas y muy buenas atletas, pero formamos un grupo humano muy lindo”, dijo Shnidrig. “Si vos un día no te sentís bien, tenés otras 19 personas que están empujándote para que vos ese día puedas ser los mejores que vos puedas”.

Venir a EE.UU. desde Argentina también tuvo sus propios obstáculos para Schnidrig, ya que tenía que aprender otro idioma y estar lejos de su familia. El primer semestre fue especialmente difícil, y Schnidrig pasaba hasta cuatro horas hablando con sus padres por teléfono.

Schnidrig atribuye su motivación en la vida al apoyo de su familia, que siempre la impulsó a seguir sus sueños y elegir lo que ella quería hacer.

A través de los desafíos, Schnidrig también encontró que a su equipo le interesó mucho aprender de su cultura. Hacen juegos en español para que las chicas aprendan y han expresado interés en aprender más sobre la cultura argentina. 

Ella no siente mucha presión por ser la única jugadora internacional de Latinoamérica este año. Prefiere tomárselo como algo normal y sentirse agradecida por la oportunidad.

El sueño de Schnidrig sigue siendo jugar voleibol en la playa y representar a Argentina a un nivel internacional. Las lecciones que ha aprendido y que va a aprender con su equipo en USC estarán con ella en todas las etapas. 

“Hay que ser constante en la vida y hay que trabajar duro por lo que uno quiere, pero hay que ser constante”, dijo Schnidrig. “Uno aprende a ser resiliente y a ser constante. Y no importa que tenés que seguir dando tu máximo”.

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