Cómo Latina y estudiante de segundo año en USC, recientemente he notado una peculiar nostalgia que se genera en mí al recordar mi yo del pasado — quien buscaba su lugar en una institución más grande que mis más locos sueños. Ya han pasado cuatro años desde que me mudé de mi país natal, Colombia, y a dondequiera que voy me gusta sentirme cerca de casa — por eso decidí vivir en el piso latine de Pardee Tower.
Perdiendo la batalla contra la nostalgia, decidí visitar el dormitorio de mi primer año y hablar con las niñas que ahora recorren los mismos pasillos que tanto solía recorrer hace tan solo un año, pero encontré que los pisos de Living Learning Communities fueron mezclados — este año ya no hay piso exclusivamente latine.
Ubicada cerca de Doheny Memorial Library y del McCarthy Quad, el sexto piso, o el piso latine en ese entonces, fue mi casa fuera de casa. Durante años, USC ofrecía Living Learning Communities, espacios dedicados a estudiantes que buscaban un sentido de pertenencia y conexión con personas que compartían su identidad cultural o personal.
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Entre ellas estaba el Latine Floor de Pardee, que había sido un refugio para muchos de nosotros. Ese lugar me dio una comunidad, amigas que se sentían como familia y un espacio donde hablar español no era una rareza, sino una costumbre.
Muchos estudiantes latines llegan a USC llenos de ilusión, buscando no solo oportunidades académicas, sino también un sentido de hogar.
Sin embargo, al remover la importancia de los pisos culturales, esa ilusión se convierte en decepción. Aquellos que esperaban llegar a un espacio donde pudieran sentirse comprendidos ahora se encuentran con pasillos en silencio, sin ese toque familiar que hacía la diferencia entre sentirse parte de algo o sentirse solo.
Durante mi primer año, esta comunidad me brindó un hogar parecido a casa fuera de casa junto con mis amigas más cercanas — cuyas historias son similares a la mía. Estos espacios promueven la inclusividad de manera que beneficia a aquellos que desean permanecer cerca de su cultura y mantener la costumbre de hablar español. Seguir costumbres significa mantener una identidad.
Muchos estudiantes, al igual que yo, suelen dejar de hablar sus idiomas natales al no tener nadie con quien hablar. Eliminar estos lugares unificadores, significa disolver una cultura que podría ser celebrada a cambio. Incluso este año, las residentes dejaron de hablar español entre sí ya que el piso latine fue mezclado con Somerville.
Entrevisté a dos compañeras de cuarto del sexto piso: América Lisando, estudiante de primer año en administración de empresas, y Melanie Ramos, estudiante de primer año en psicología
“A veces hablamos español entre nosotras [Lisando y Ramos], pero no con las del piso. Solo no queremos asumir [que hablan español], es algo que intentamos evitar.”, dijo Melanie en inglés.
Sabía que la población de estudiantes latines en USC era pequeña, y quería estar rodeada de personas con quienes compartir mis raíces, mi idioma y mis costumbres. Vivir en ese piso me hizo sentir incluida desde el primer día; me recordó que la universidad también puede ser un lugar donde nuestras identidades florezcan, no se diluyan.
La mezcla entre estas comunidades es, sin duda, un golpe para las minorías que buscan visibilidad, inclusión y un espacio seguro para expresarse libremente. Vivir cerca de personas que entienden tus experiencias no solo mejora la vida universitaria: la transforma. Estar rodeada de gente que se parece a ti, que entiende tus bromas, tus referencias culturales y tu idioma, crea una conexión especial que va más allá de lo académico.
Las amistades que creé durante mi primer año son amistades que perdurarán. También allí conocí la mayor cantidad de latines en USC. Afuera de las conexiones que creé a raíz de mi comunidad residencial, se me ha hecho más difícil encontrarme con otras personas de ascendencia latina — lo cual solo me hace pensar en otras latinas que atenderán USC en el futuro y no tendrán estos mismos lugares.
Yo, al igual que muchos otros estudiantes, temo que eliminar el piso latine signifique eliminar esa conexión. No se trata solo de un dormitorio; se trata de un hogar simbólico, de un espacio que nos enseñó que pertenecer también puede sentirse.
Hoy miro atrás y me doy cuenta de cuánto me marcó esa experiencia. El piso latine me enseñó el poder de la comunidad y el valor de la diversidad. Me mostró que, incluso lejos de casa, es posible encontrar un lugar donde nuestras historias, nuestras raíces y nuestras culturas tengan un espacio propio. Y por eso, eliminarlo no debería ser una opción.
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